«Quería expresarme y la danza me ha permitido hacerlo»

Artículo, 11.11.2013

Entrevista a Yaya Sarria, bailarín y coreógrafo chadiano de la compañía «Sabot du Vent»

El coreógrafo Yaya Sarria comparte su experiencia como artista en Chad y habla sobre el papel liberador de la danza contemporánea en un país que enfrenta muchos retos. En 2013, en el marco del festival «juilletdanse», presentó un espectáculo en Friburgo creado en colaboración con Tonia Schilling y apoyado por la Cooperación Suiza para el Desarrollo. La constancia, la creatividad y el deseo de progresar de Yaya Sarria son una prueba de que los artistas chadianos tienen su puesto en el escenario internacional.

Yaya Sarria, ¿qué significa ser artista, particularmente bailarín, en Chad?
En Chad, la danza aún sigue estando relacionada principalmente con los ritos tradicionales. La «danza coreográfica», como se le llama, es poco conocida y está marcada por muchos prejuicios porque aborda ciertos tabúes en torno a la relación con el cuerpo y entre los cuerpos. Con la compañía «Sabot du Vent», nosotros vamos al encuentro de los chadianos y de las chadianas. Nuestra intención no es nunca escandalizar sino interpelar siempre. Hace apenas 10 años, no había público. Ahora, la gente se desplaza para venir a vernos.

Según su opinión, ¿cómo puede influir la cultura en el desarrollo y contribuir a reducir la pobreza?
Tomemos por ejemplo. la danza. Esta disciplina infunde confianza en sí mismo, permite aprender a sentirse cómodo ante el público, aporta dignidad y permite encontrar un puesto en la sociedad. En general, la cultura puede desempeñar un papel importante en la educación de los jóvenes. En nuestros barrios, los niños están en contacto con el alcohol y la prostitución, duermen en el suelo e inhalan pegamento. Al crecer en tales condiciones, existen grandes posibilidades de no integrarse nunca y de hundirse en la violencia. Nuestra compañía de danza tiene planes muy concretos para brindarles una alternativa. Queremos crear un centro con actividades que les permitan canalizarse y ocuparse y, finalmente, formarse como bailarines o percusionistas.

¿Qué mensaje quería Ud. transmitir con su espectáculo «Ichane o Era Dios a quien yo buscaba», presentado en julio de 2013 en Friburgo?
Como todas las piezas que producimos, ésta habla fundamentalmente sobre la identidad y la aceptación del otro. Los espectáculos deben despertar emociones y suscitar reacciones. Para ello, saco mis ideas de lo que vivo y de lo que siento. Un ejemplo: tras ser insultado y tratado de mono en un viaje realizado en África del Norte, expresé mi cólera creando el solo «Sin raíz» que denuncia la violencia relacionada con el origen y la raza.

¿Qué representa para Ud. el acceso a la escena internacional?
Es una etapa esencial para el reconocimiento de nuestro trabajo. Al optar por la danza, me alejé momentáneamente de una parte de mi entorno que no comprendía mi proyecto. La primera vez que fui al aeropuerto de N’Djamena para una gira en el extranjero, mi familia mi siguió hasta allí para poder creerlo. Hoy en día, las cosas son distintas. La colaboración con Suiza y la coreógrafa de Friburgo Tonia Schilling nos ha infundido mucha esperanza. Incluso, el Estado de Chad ha apoyado financieramente nuestro viaje a Suiza. Es algo bastante raro que merece la pena resaltar y una clara señal de la importancia de nuestro trabajo para la identidad y la imagen de nuestro país.

Háblenos de su encuentro con el público de Friburgo. ¿Cuáles fueron las reacciones?
Gracias a las pasantías que organizamos en Friburgo y al taller «move in town» que nos ha permitido montar espectáculos en la estación, en el mercado y en la calle, hemos podido conocer a mucha gente y discutir con ella sobre nuestro trabajo. En general, el contacto en Suiza es fácil. A raíz del interés suscitado por nuestros talleres, nos gustaría ofrecer a los bailarines y bailarinas suizos la posibilidad de asistir en Chad a cursos de formación en danza tradicional.

¿Cuáles son los mayores retos que deben afrontar los chadianos y las chadianas?
Los jóvenes abandonan el campo en busca de trabajo en la capital. Una vez allí, deben valerse por sí mismos en una ciudad donde la vida es muy cara. Las jóvenes son más vulnerables: si por desgracia están embarazadas, sin dinero y sin novio, no pueden volver a su pueblo. Entonces, caen en la prostitución. Hay que abordar, pues, la raíz del problema, ir al campo para encontrar a las jóvenes y discutir con ellas, informarles sobre las realidades de la ciudad, los riesgos de enfermedades muy extendidas como el SIDA y el uso del preservativo. Con la danza, nosotros podemos transmitir mensajes. Como artistas, nuestro papel es también tematizar lo que no funciona a fin de cambiar las cosas.

¿Qué le llevó a Ud. a optar por la danza y por la coreografía en particular?
Después de la escuela, mis padres no podían pagar mis estudios. Empecé en el teatro, pero muy pronto me di cuenta de que no era para mí. En el teatro, los textos ya están escritos. Yo quería expresarme y la danza me ha permitido hacerlo.